El Mito del “Porro Nevado”: Por qué es una pésima idea

El Mito del "Porro Nevado": Por qué es una pésima idea

Seguramente te ha pasado: estás en una fiesta o en una reunión con amigos, alguien saca un cigarrillo de marihuana y, con aire de experto, le espolvorea un poco de cocaína encima o lo unta por fuera. “Es un nevado”, te dicen. “Esto pega durísimo”.

La idea suena potente en teoría: combinar dos mundos para una experiencia explosiva. Si eres de las personas que disfrutan de un buen humo, necesitas saber la verdad: el nevado es un desperdicio total de sustancias, una estafa química y un riesgo innecesario.

Si funcionara, el Crack no existiría

Empecemos con el argumento que cierra cualquier debate.

La cocaína en polvo es Clorhidrato de Cocaína (Sal). Esta forma química no está hecha para ser fumada. Si fumar el polvo blanco directo sobre un cigarrillo funcionara bien, nadie se habría tomado la molestia de inventar el Crack o el Basuco.

El Crack (base libre) existe por una única razón: los químicos tuvieron que inventar un proceso para quitarle la parte “ácida” a la cocaína y modificar su estructura molecular para que pudiera aguantar el calor y volverse humo psicoactivo. Intentar fumar el polvo directamente es ir en contra de la química básica.

Estás quemando billetes (Literalmente)

Cuando acercas la llama de un encendedor (que supera los 1.000°C) a un nevado, estás destruyendo la molécula de la cocaína antes de que pueda llegar a tus pulmones. El calor excesivo descompone la sustancia activa casi instantáneamente, convirtiéndola en carbón inerte. Básicamente, estás usando un producto costoso para alimentar una llama, destruyendo su potencial psicoactivo en el proceso.

El mito de la “boca dormida”

“Pero es que se me duerme toda la cara, ¡claro que pega!”. Error. Esa sensación es la que confunde a la mayoría.

La cocaína es un anestésico local potente. Al fumar un nevado, partículas de cocaína que no se quemaron del todo, o el humo cargado de sustancia mal vaporizada, entran en contacto con las mucosas húmedas de tus labios, lengua y garganta.

No estás drogado, estás anestesiado. Es el mismo efecto tópico que tendrías si te aplicaras anestesia en el dentista. Que no sientas los dientes o se te enrede la legua al hablar, no significa que la sustancia haya llegado a tu cerebro o al torrente sanguíneo; solo significa que se quedó atrapada en tu boca.

Estás inhalando ácido (y por eso toses más que con el porro solo)

Más allá de que no “pega duro” como crees, el nevado es innecesariamente agresivo con tu cuerpo.

Al ser una sal (Clorhidrato), la cocaína en polvo contiene moléculas enlazadas de ácido. Cuando la quemas, liberas vapores de ácido clorhídrico. Esa sensación de raspado en la garganta, la tos seca o el dolor de pecho al día siguiente no son señal de “potencia”. Es irritación química pura.

A diferencia del humo de la marihuana, estos vapores ácidos atacan directamente el tejido de tus pulmones y bronquios sin ofrecerte ningún beneficio psicoactivo a cambio.

¿Entonces qué es lo que siento?

  • La falsa subida: Si alguien jura que el nevado lo “puso a volar”, lo más probable es que esté experimentando un efecto placebo combinado con hipoxia. Fumar un nevado suele implicar aguantar el humo más tiempo o dar caladas mas profundas. La falta de oxígeno, sumada a la bajada de presión arterial que produce la marihuana y el monóxido de carbono de la combustión, puede causar un mareo rápido.
  • Taquicardia y Ansiedad: Aunque se absorbe poca cocaína real en sangre al quemar el clorhidrato, la poca que entra (sumada a la marihuana) suele provocar en algunos usuarios una aceleración del corazón incomoda y paranoia rápida, sin la euforia placentera que buscan.
  • Dolor de cabeza posterior: Un reporte frecuente es un dolor de cabeza pulsante a los 15-20 minutos, atribuido a la inhalación de los subproductos tóxicos de la combustión química.

Conclusión: Otro mito derribado

El “nevado” es más un mito urbano y una forma de presumir que una forma efectiva de consumo.

Si tu objetivo es disfrutar, el nevado no te lleva a ningún lado. Solo consigues arruinar el sabor de tu hierba con un gusto químico horrible, desperdiciar dinero quemando cocaína y quedarte con la boca dormida como si acabaras de salir del odontólogo.

Un estudio más reciente (publicado en Drug and Alcohol Dependence) encontró algo fascinante: fumar cannabis en realidad reduce los niveles de cocaína en sangre y disminuye sus efectos subjetivos. La química no miente: deja la nieve lejos del fuego.

Referencias

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